Entender que nuestros hijos no nos pertenecen puede ser un concepto desafiante. Aunque los nutrimos, educamos y dedicamos tiempo a ellos, llega un momento en el que, al igual que hicimos nosotros, debemos abandonar el nido y emprender su propio vuelo.
¿Te resulta difícil soltarlos y permitirles seguir su propio camino?
Te propongo reflexionar sobre cómo las experiencias familiares y las emociones heredadas pueden dificultar este proceso. También te brindo pautas para fortalecer los lazos con ellos desde la perspectiva de la libertad mutua y el amor más puro.
El viaje de ser hijos a ser padres implica llevar con nosotros, a la adultez, nuestro niño interior con su carga emocional, experiencias, heridas y expectativas.
Al convertirnos en padres, nos enfrentamos a nuevos desafíos e incertidumbres.
¿Qué legado emocional transmitimos a nuestros hijos?
No solo compartimos los valores recibidos, sino también las experiencias emocionales que nos marcaron. Asimismo, heredamos la forma en que ellos vivieron sus propias experiencias, incluyendo miedos, limitaciones, sueños no realizadas y secretos familiares.
“Sin lugar a dudas, es importante desarrollar la mente de los hijos. No obstante, el regalo más valioso que se les puede dar es desarrollarles la conciencia.”
JONH GAY
Nuestra responsabilidad radica en trascender esta información, equilibrar extremos y superar traumas para criar a nuestros hijos libres de condicionamientos. Aunque pueda parecer una carga, es una oportunidad única para transformar las herencias emocionales de generación en generación.
Es esencial reconocer que nuestros hijos no nos pertenecen, al igual que nosotros no pertenecemos a nuestros padres. Sentirse limitado por ellos, ya sean padres o hijos, indica una parte interna que desea que permanezcan cerca. Para avanzar y crecer, debemos establecer límites y fomentar alternativas que favorezcan nuestro desarrollo y el de nuestros hijos.
¿Es posible educar a los hijos sin un apego emocional excesivo?
Hacerlos dependientes de nosotros por carecer del apoyo parental en nuestra infancia solo perpetúa el estrés y la proyección de nuestras carencias en ellos. Con conciencia de nuestra programación, podemos evitar proyectar historias no correspondientes a nuestros hijos.
Vidal Schmill, pedagogo y experto en desarrollo humano, destaca:
«Tus hijos vivirán más tiempo sin ti que contigo, enséñales a vivir sin ti».
Con más de 30 años promoviendo el buen trato en la educación, enfatiza la importancia de educar a los hijos de manera que no dependan exclusivamente de nosotros.
El mejor legado que podemos dejar es ser auténticos, mostrando tanto nuestras virtudes como nuestras imperfecciones. Seamos ejemplos de conductas útiles para que se conviertan en adultos independientes, conscientes y responsables.
Facilitar el desarrollo emocional de los hijos requiere evitar tanto la desprotección como la sobreprotección. Compensar la falta de afecto que experimentamos como niños repitiendo la historia en la polaridad opuesta no contribuir al desarrollo sano y equilibrado de los hijos.
La confianza en ellos en la misma que tenemos en nosotros mismos y en nuestras capacidades como padres, sin miedo a perderles.
Ocurra lo que ocurra, SIEMPRE VAN A SER NUESTROS HIJOS y estaremos unidos a ellos.

Trascender la información siendo adultos emocionales
Tanto en el papel de padres como el de hijos, somos responsables únicamente de nuestra vida.
Aceptarse y respetarse mutuamente es DECIDIR QUIEN QUEREMOS SER a día de hoy y qué relación queremos seguir manteniendo, LA DE APEGO DISFUNCIONAL, LA DE PERMANENCIA o LA DE ALMAS LIBRES.
Es cierto que nos une la misma historia familiar, por ello no importa quién la trascienda, hacerlo nosotros, liberará a ambos y será un regalo para las generaciones venideras.
Lo mejor que tenemos para ofrecer a nuestros hijos es su propia libertad.
DEJA QUE TUS HIJOS SE MARCHEN PARA QUE SIEMPRE ESTÉN CONTIGO.

POEMA Khalil Gibran
Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de si misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo, no te pertenecen.
Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos,
pues, ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana, que no puedes visitar, ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti,
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación en tu mano de arquero sea para la felicidad.

NEKANE JIMÉNEZ
BIODESCODIFICACIÓN DEL DÍA A DÍA