Muchas de nuestras acciones están motivadas por el deseo de “ser alguien”.

En este deseo, “ser alguien” se entiende como lograr algo que nos permita destacarnos del resto.

Tener éxito. Ser especiales. Ganar. Ser mejores que los demás.

Es, por supuesto, uno de los deseos primarios del ego, que busca desesperadamente una imagen con la cual identificarse y a la cual aferrarse.

Al mirar este deseo más a fondo, sin embargo, descubrimos que al ego realmente no le importa con qué nos identifiquemos, siempre y cuando nos identifiquemos con algo. Es decir, en realidad al ego no le importa si la imagen con la que se identifica es gloriosa y brillante o lóbrega y enfermiza. Lo que le importa es tener un sentido de identidad.

Así pues, muchas veces nos veremos aferrándonos a cualquier cosa con tal de tener claro quiénes somos. El ego se siente tan cómodo siendo un fracasado como siendo un rey. Lo que le importa es tener una idea de sí mismo que lo distingue de los demás y le da identidad.

En este segundo sentido, “ser alguien” ya no se refiere a una imagen de éxito, sino simplemente a cualquier imagen.

Lo que el ego no soporta es el vacío verdadero, no soporta el “ahora”, cuando ya no hay ideas de sí mismo a las qué aferrarse. Entonces, con mucha habilidad trata de convertir ese vacío, esa presencia en una historia, momento en el cual ya no hay vacío, ya no hay presencia, pues hay un montón de imágenes de sí mismo creadas a través de una historia.

Esto no quiere decir que el vacío, el presente y el silencio reales sean imposibles. Quiere decir, no obstante, que para permanecer en ellos primero tendremos que observar el dolor del ego que busca algo a lo que aferrarse. Y observar esa ansiedad y ese miedo a desaparecer es vital. Allí se entra en una fase de aparente sinsentido, en la que por momentos todo parece carecer de propósito y se ve como muy poco atractivo. La vida, sin una historia detrás, parece insípida al comienzo.

ESTE MOMENTO

Sin embargo, esto se debe a que no hemos probado realmente la vida, que siempre está en este momento, justo aquí y ahora, y no tiene nada que ver con el futuro o el pasado, ni con la historia que nos contamos a nosotros mismos sobre nosotros mismos. En este momento, en el que desaparece completamente nuestra historia y nuestras ideas sobre nosotros mismos.

Y entre más nos llenamos de este momento, menos atractivo se ve el “ser alguien”, pues esa identidad es irrelevante para disfrutar la belleza del aquí y el ahora.

Podrás preguntar: ¿cuál es el problema con “ser alguien”, con tener una identidad, algo que nos distingue de los demás?

En realidad, no hay ningún problema, siempre y cuando seas consciente de que es solo una imagen, un juego, una ilusión. Pero, si en cambio crees que esa imagen de ti mismo es real, y que eso es lo que tú eres, vas a sufrir, pues te vas a apegar y vas a creer que tienes que defenderla, tanto si es una imagen “positiva” como si es “negativa”.

AQUI Y AHORA -Miedo + Amor

Identificarnos con nuestra historia es como jugar un video juego y creer que somos el personaje en la pantalla del televisor y olvidarnos de que en realidad estamos jugando. Cualquier videojuego se volvería bastante angustiante si eso sucediera. Cuando sabes que es solo un juego, lo disfrutas plenamente. Sigues riendo cuando ganas en el juego y te sigues enfadando cuando pierdes. Te sigues esforzando para pasar al siguiente nivel y aprendes a medida que avanzas para superar los obstáculos que van apareciendo en la pantalla. Pero, pase lo que pase, sabes que estás bien y que tu bienestar real no depende de que ganes o pierdas. Sabes que tu vida está más allá de la pantalla, en un lugar que no puede ser tocado por nada que suceda en el juego. Y la puedes sentir siempre, en lo más profundo de tu corazón, mientras sigues jugando.

Mientras no te apegues a tu imagen y la puedas observar, podrás ser consciente de tu verdadera realidad, esa presencia que se encuentra solo en el silencio más profundo.

Libre de ataduras, libre de ideas sobre ti mismo/a, libre de miedos.

Viviendo el presente tal y como es, sin querer modificar nada.

Todo es perfecto aquí y ahora.

NEKANE JIMÉNEZ

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